Sonríe. No estés mal, no merece la pena. Sonríe, por todas esas personas que no quieren que sufras, que te aprecian y que nada les sentiría mejor que verte feliz de nuevo. Pero, también, sonríe por esas personas que te han hecho daño. A la que más te hiriera, dedícale tu sonrisa más bonita. Demuéstrale que no lo ha conseguido, que no te ha derrumbado. Porque no te merece. Si te merece, no te hará llorar. Así que, ya sabes. Sonríe. Y no vuelvas a llorar nunca más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario